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La terapia hormonal sustitutiva (THS) es una de las decisiones más importantes y debatidas a las que se enfrenta una mujer durante la perimenopausia y la menopausia. Su objetivo es aliviar los síntomas derivados de la caída de estrógenos, pero la información disponible a menudo es confusa y está cargada de mitos. La controversia, alimentada por estudios de hace más de dos décadas, ha generado un miedo que no siempre se corresponde con la evidencia científica actual. Comprender los beneficios y riesgos reales de la terapia hormonal sustitutiva es fundamental para tomar una decisión informada junto a un profesional sanitario. Este artículo ofrece una visión equilibrada y basada en datos de autoridades como la AEEM y la NAMS, para que puedas valorar si este tratamiento es adecuado para ti.
La Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), también conocida como terapia hormonal de la menopausia, es un tratamiento que repone las hormonas que los ovarios dejan de producir, principalmente estrógeno y progesterona, para aliviar los síntomas asociados a su déficit.
El tratamiento se personaliza según las necesidades y el historial médico de cada mujer. Se utiliza estrógeno para tratar los síntomas y, si la mujer conserva su útero, se añade un progestágeno (progesterona o un derivado sintético) para proteger el endometrio (el revestimiento del útero) del crecimiento excesivo que podría causar el estrógeno por sí solo.
Según la North American Menopause Society (NAMS), la THS es el tratamiento más eficaz disponible para los síntomas vasomotores moderados a severos (sofocos y sudoración nocturna) y para el síndrome genitourinario de la menopausia, que incluye la atrofia vulvovaginal.
Los principales beneficios de la THS, respaldados por amplia evidencia científica, son el control eficaz de los sofocos, la prevención de la pérdida de masa ósea (osteoporosis) y la mejora de la salud genitourinaria.
El beneficio más conocido es el alivio de los síntomas vasomotores. Un metaanálisis de Cochrane concluyó que la terapia hormonal reduce la frecuencia de los sofocos en un 75% y su severidad de forma significativa. Esto tiene un impacto directo en la calidad del sueño y el bienestar general.
En cuanto a la salud ósea, la caída de estrógenos acelera la pérdida de densidad mineral ósea, aumentando el riesgo de osteoporosis y fracturas. La Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) considera la THS como un tratamiento de primera línea para la prevención de fracturas en mujeres con riesgo, especialmente si se inicia antes de los 60 años.
Finalmente, la terapia revierte la atrofia vulvovaginal, mejorando la sequedad, el picor, el dolor durante las relaciones sexuales y los síntomas urinarios recurrentes. Además, existen evidencias que sugieren mejoras en el estado de ánimo, la función cognitiva y la salud articular.
Los riesgos de la THS dependen del tipo de terapia, la dosis, la vía de administración, la edad de inicio y el historial médico, siendo los más estudiados el cáncer de mama, los eventos tromboembólicos y el riesgo cardiovascular.
Gran parte del temor a la THS proviene del estudio Women's Health Initiative (WHI) de 2002. Sin embargo, reanálisis posteriores del NIH (National Institutes of Health) han matizado enormemente esos hallazgos. Hoy se sabe que la "ventana de oportunidad" es clave: iniciar la terapia antes de los 60 años o en los primeros 10 años de menopausia ofrece un perfil de seguridad mucho más favorable.
El riesgo de cáncer de mama se asocia principalmente a terapias combinadas con progestágenos sintéticos usadas durante más de 5 años, y el aumento del riesgo absoluto es pequeño. El uso de estrógeno solo en mujeres sin útero no parece aumentar este riesgo, e incluso podría disminuirlo. Por otro lado, el riesgo de tromboembolismo venoso (coágulos) está ligado al estrógeno oral. Las vías transdérmicas (parches o geles) no parecen aumentar este riesgo, ya que evitan el primer paso por el hígado.
Las contraindicaciones absolutas incluyen antecedentes de cáncer de mama o endometrio, enfermedad tromboembólica, sangrado vaginal no diagnosticado o enfermedad hepática activa.
No todas las terapias hormonales son iguales; existen diferentes tipos de hormonas, dosis y vías de administración que permiten personalizar el tratamiento y optimizar el balance beneficio-riesgo.
Las hormonas utilizadas pueden ser bioidénticas (con una estructura molecular idéntica a las que produce el ovario, como el estradiol y la progesterona micronizada) o sintéticas. La evidencia actual sugiere que la progesterona micronizada natural tiene un perfil de riesgo más seguro para la mama y el sistema cardiovascular en comparación con algunos progestágenos sintéticos.
La vía de administración también es crucial. La vía oral (pastillas) es cómoda, pero el estrógeno pasa por el hígado, lo que aumenta la producción de factores de coagulación. La vía transdérmica (parches, geles o sprays) permite que el estrógeno pase directamente a la sangre, evitando el hígado y minimizando el riesgo de trombosis. Para síntomas exclusivamente genitourinarios, se puede optar por estrógenos locales (óvulos o cremas) a dosis muy bajas, que no presentan riesgos sistémicos.
La elección final depende de una evaluación individualizada por parte de un ginecólogo especializado en menopausia. Preparar bien esa consulta es clave, y para ello es útil llevar un registro detallado de los síntomas. Entender la biología de esta etapa y saber qué preguntas hacer es el primer paso para tomar las riendas de tu salud, un enfoque que se detalla en el libro No Te Estás Volviendo Loca: Manual de supervivencia para la perimenopausia, diseñado para guiarte en este proceso.
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No, la evidencia científica no respalda la idea de que la THS cause un aumento de peso significativo. El aumento de peso que muchas mujeres experimentan durante la perimenopausia y menopausia se debe principalmente a los cambios metabólicos propios de la edad y la disminución de estrógenos, que favorecen la redistribución de la grasa hacia la zona abdominal. De hecho, al mejorar el sueño y el estado de ánimo, la THS puede ayudar a mantener un estilo de vida más activo y saludable.
No existe una duración máxima establecida y la decisión debe ser individualizada. Las principales sociedades médicas, como la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia), recomiendan reevaluar anualmente la necesidad de continuar el tratamiento. Para muchas mujeres, los beneficios de seguir con la terapia para controlar los síntomas y prevenir la osteoporosis superan a los riesgos, siempre que se use la dosis efectiva más baja.
Las hormonas bioidénticas son aquellas cuya estructura molecular es exactamente igual a las hormonas producidas por el cuerpo humano (como el estradiol o la progesterona micronizada). Aunque el término a veces se asocia erróneamente con preparados magistrales no regulados, las hormonas bioidénticas están disponibles en las farmacias como medicamentos aprobados por las agencias reguladoras, con dosis y seguridad controladas.
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No, la terapia hormonal no retrasa ni detiene el proceso biológico de la menopausia, que es el cese de la función ovárica. Lo que hace es sustituir las hormonas que los ovarios ya no producen, tratando así los síntomas derivados de su ausencia. Si una mujer deja la terapia, los síntomas pueden reaparecer, ya que el estado menopáusico subyacente no ha cambiado.
Generalmente no se recomienda iniciar la THS sistémica más de 10 años después de la última regla o después de los 60 años, ya que el riesgo cardiovascular podría ser mayor. Es lo que se conoce como la "ventana de oportunidad terapéutica". Sin embargo, para los síntomas genitourinarios, la terapia con estrógenos locales a baja dosis se puede iniciar en cualquier momento y es segura a largo plazo.
Por el equipo editorial de Avenaia
Este contenido es divulgativo y no sustituye la consulta con un profesional sanitario.