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No: la terapia hormonal sustitutiva no engorda. Qué dicen los ensayos, por qué hincha al principio y cuándo se deja de engordar en la menopausia.

No. La terapia hormonal sustitutiva no engorda. Los ensayos que la compararon con placebo no encontraron diferencias de peso, y la revisión Cochrane sobre el tema concluyó que no añade kilos a los que ya se ganan en esta etapa. Lo que sí aparece a veces al principio es hinchazón por líquidos: agua, no grasa.
La confusión tiene una explicación sencilla: la terapia hormonal sustitutiva (THS), hoy llamada terapia hormonal de la menopausia (THM), suele empezarse justo en los años en que el cuerpo ya estaba ganando peso por otros motivos, y resulta natural culpar al tratamiento que acaba de empezar. La North American Menopause Society (NAMS) lo señala igual: el aumento de peso de la mediana edad es frecuente, pero no lo causa la terapia hormonal.
Dicho esto, tampoco es una pastilla para adelgazar: la THS no está indicada para perder peso y no hay que esperar que baje la báscula. Sí puede modificar de forma moderada dónde se acumula la grasa y, en las primeras semanas, provocar hinchazón por retención de líquidos que se confunde con haber engordado. A continuación, qué dicen los estudios, qué explica de verdad los kilos de esta etapa y qué hacer si has empezado la terapia y notas cambios.
Esta página responde solo a esa pregunta: si la terapia hormonal engorda o no. El panorama completo de por qué cambia el peso en esta etapa —metabolismo, masa muscular, sueño, alimentación— está desarrollado en la guía sobre el aumento de peso en la menopausia. Aquí verás qué midieron los estudios, en qué se diferencian la retención de líquidos y la grasa, y qué hacer si has empezado el tratamiento y notas cambios.
No: la THS no engorda. Los ensayos aleatorizados que la han comparado con placebo no encuentran diferencias de peso entre quienes la toman y quienes no.
La revisión Cochrane que agrupó esos ensayos —tanto de estrógenos solos como de estrógenos combinados con progestágeno— concluyó que no hay efecto sobre el peso corporal: estas pautas no provocan kilos adicionales a los que ya se ganan normalmente en la menopausia. La misma revisión deja claro el reverso, que se cita mucho menos: la terapia hormonal tampoco impide ese aumento de peso.
Conviene decir que esa revisión es antigua (año 2000). Lo publicado después no la ha desmentido: el documento de posición de 2022 de la Menopause Society (antes NAMS) apunta que la terapia hormonal podría atenuar la acumulación de grasa abdominal asociada a la transición, pero no la plantea como tratamiento para el control del peso: su indicación son los síntomas.
El aumento de peso durante la perimenopausia y la menopausia es real, pero sus causas son complejas y no se deben a la terapia hormonal. El principal responsable es el proceso de envejecimiento en sí mismo, que afecta a la composición corporal y al gasto energético.
Con la edad, el metabolismo basal se ralentiza, lo que significa que el cuerpo quema menos calorías en reposo. Además, a partir de los 40 años se produce una pérdida progresiva de masa muscular (sarcopenia), y el músculo es un tejido metabólicamente más activo que la grasa. Menos músculo equivale a un menor gasto calórico diario. La caída de los niveles de estrógeno también juega un papel clave en la redistribución de la grasa, favoreciendo su acumulación en la zona abdominal (grasa visceral), un patrón más típico en los hombres y asociado a un mayor riesgo cardiovascular, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Además de no provocar aumento de peso, algunos estudios observan que las mujeres que usan terapia hormonal sustitutiva acumulan algo menos de grasa abdominal (visceral) que las que no la usan. Es un efecto modesto y no constante en todos los trabajos: puede ocurrir que la báscula se quede igual y la composición corporal cambie ligeramente.
Conviene ser precisos con lo que eso significa, porque aquí se cuelan muchos mensajes exagerados. Que la grasa se redistribuya no equivale a un beneficio cardiovascular demostrado: la terapia hormonal sustitutiva no está indicada para prevenir la enfermedad cardiovascular, y ni la guía NG23 del NICE ni la North American Menopause Society (NAMS) recomiendan iniciarla con ese objetivo. Sus indicaciones son el alivio de los síntomas —sofocos o bochornos, sudores nocturnos, sequedad o resequedad vaginal— y, en situaciones seleccionadas, la salud ósea, siempre valorado caso por caso.
Tampoco es un tratamiento para adelgazar. Si el único motivo para plantearse la THS es el peso, ese no es un motivo para iniciarla ni para mantenerla. La decisión se toma por los síntomas y por el perfil de riesgo de cada mujer, con el profesional sanitario que la atiende.
Uno de los motivos por los que persiste el mito de que la THM engorda es la posible retención de líquidos que algunas mujeres experimentan al inicio del tratamiento. Este efecto secundario, que puede causar hinchazón o una sensación de aumento de volumen, es habitualmente temporal.
La retención de líquidos se debe a los efectos de las hormonas (tanto estrógenos como progestágenos) sobre el equilibrio de sodio y agua en el cuerpo. Sin embargo, esto no es un aumento de tejido adiposo (grasa). Generalmente, el cuerpo se adapta a la nueva situación hormonal en unas pocas semanas o meses, y la hinchazón disminuye. Si este efecto persiste, es importante comunicárselo al profesional sanitario, ya que un ajuste en la dosis o el tipo de progestágeno puede solucionar el problema. Es crucial diferenciar este efecto transitorio del aumento de grasa a largo plazo.
Es la pregunta lógica siguiente, y hay que responderla con precisión: no existen ensayos que hayan comparado directamente parche, gel y pastilla midiendo la retención de líquidos. Lo que sí está bien documentado es otra cosa —por dónde pasa la hormona antes de llegar a la sangre— y de ahí se derivan diferencias reales, aunque no las que suelen contarse.
| Vía | Qué está documentado | Retención de líquidos |
|---|---|---|
| Parche (transdérmica) | Evita el primer paso por el hígado. Según NICE (NG23), a dosis estándar el riesgo de trombosis no supera el riesgo basal de la población. | Sin estudios comparativos frente a otras vías. Puede aparecer, como con cualquier vía. |
| Gel (transdérmica) | Misma vía que el parche: la hormona se absorbe por la piel y tampoco pasa primero por el hígado. Cambia la comodidad de uso, no el mecanismo. | Sin estudios comparativos frente a otras vías. Puede aparecer, como con cualquier vía. |
| Oral (pastilla) | Pasa primero por el hígado, que responde produciendo más de ciertas proteínas, entre ellas factores de coagulación. Por eso NICE asocia la vía oral a un riesgo de trombosis mayor que el basal. | Sin estudios comparativos frente a otras vías. Puede aparecer, como con cualquier vía. |
Dicho de otro modo: lo que diferencia a las vías, con evidencia detrás, es el paso por el hígado y sus consecuencias sobre la coagulación —el motivo por el que la vía transdérmica se prefiere en muchas mujeres—, no una supuesta ventaja frente a la hinchazón. Quien asegure que un parche hincha menos que una pastilla va por delante de los datos. Conviene saber, además, que cuando la hinchazón aparece en una pauta combinada suele atribuirse más al progestágeno que al estrógeno, y eso no depende de si el estrógeno se toma en pastilla o se absorbe por la piel: es justo el tipo de ajuste que puede plantearse en consulta.
No. Tomar estrógenos no hace ganar grasa corporal. En los ensayos, las mujeres que recibieron estrógenos —solos o combinados con progestágeno— no pesaban más que las que recibieron placebo.
Lo que confunde es que el estrógeno sí tiene que ver con el peso, pero al revés de como suele contarse: no es tomarlo lo que engorda, es perderlo lo que cambia el reparto de la grasa. La revisión de la International Menopause Society sobre aumento de peso en la menopausia lo resume así: el aumento de peso en sí no puede atribuirse a la transición menopáusica, pero el cambio hormonal de esta etapa sí se asocia a más grasa corporal total y, sobre todo, a más grasa abdominal. Esa misma revisión señala que el tratamiento con estrógenos tiende a atenuar la acumulación de grasa central, no a agravarla.
Que la atenúe no lo convierte en un motivo para tomarlo. La terapia hormonal no está indicada para adelgazar ni para prevenir la enfermedad cardiovascular, y un cambio en el reparto de la grasa no equivale a un beneficio cardiovascular demostrado. Las primeras semanas puede notarse hinchazón o tensión mamaria por retención de líquidos: eso es agua, no tejido graso, y suele ceder.
Es una situación muy frecuente y casi nunca significa que el tratamiento esté engordando a nadie. Lo primero es separar tres cosas que se confunden con facilidad: el volumen por retención de líquidos, que aparece en semanas, va y viene y suele ceder; el peso que ya se venía ganando antes de empezar la terapia; y un cambio real de grasa corporal, que se aprecia en meses y no en días.
| Qué es | En cuánto tiempo | Cómo se reconoce |
|---|---|---|
| Retención de líquidos | Días o semanas. Va y viene, y suele ceder al cabo de unas semanas o pocos meses. | Hinchazón, anillos o ropa que aprietan, tensión mamaria. El peso sube y baja de un día para otro. |
| Grasa corporal | Meses. Es un cambio lento y sostenido, no un salto. | Se aprecia en una tendencia de varias semanas, no en una pesada suelta. |
| Redistribución abdominal | Años, a lo largo de la transición. | La ropa deja de sentar igual en la cintura aunque la báscula no se mueva. Cambia dónde está la grasa, no cuánta hay. |
Pesarse siempre en las mismas condiciones y anotarlo junto a lo que se nota —hinchazón, tensión mamaria, cambios en el sueño, sofocos— es lo que permite ver un patrón en lugar de una foto suelta. Ese registro es, además, lo más útil que se puede llevar a la consulta.
Qué merece la pena comentar con el profesional sanitario: cuándo empezó el cambio en relación con el inicio de la terapia, si la hinchazón es constante o cíclica y qué preparado se está usando. A veces el ajuste pasa por el tipo de progestágeno o por la vía de administración, decisiones que corresponden siempre a quien prescribe: no cambies ni suspendas el tratamiento por tu cuenta. Antes de esa cita puede ayudarte repasar el balance de beneficios y riesgos de la terapia hormonal sustitutiva y las contraindicaciones de la terapia hormonal.
Una excepción que no conviene pasar por alto: si la hinchazón afecta a una sola pierna, o se acompaña de dolor en la pantorrilla, calor o enrojecimiento, y también si aparece dolor en el pecho o falta de aire, no se trata de retención de líquidos y hay que buscar atención médica sin demora. El riesgo de trombosis es bajo, pero es el motivo por el que la vía transdérmica (parches o gel) se prefiere en muchas mujeres.
El tramo de ganancia acelerada de grasa se agota unos dos años después de la última regla. Es el dato más concreto que existe sobre esta pregunta y viene del estudio SWAN, que siguió durante años a miles de mujeres midiendo su composición corporal con densitometría.
Lo que vieron fue esto: alrededor de dos años antes de la última menstruación, el ritmo de ganancia de grasa se duplica y la masa muscular empieza a bajar. Ese doble movimiento continúa hasta unos dos años después de la última regla y ahí se frena: a partir de ese punto, las trayectorias de grasa y de músculo se aplanan. El peso de la báscula, en cambio, sube de forma constante durante toda la mediana edad sin acelerarse por la menopausia, y su ritmo de cambio también se estabiliza pasado ese momento.
Dos matices importantes. El primero: son trayectorias promedio de un grupo grande, no una fecha que puedas marcar en el calendario; el recorrido individual varía. El segundo: que la curva se aplane significa que se frena el empujón propio de la transición, no que el peso baje solo. Lo que hay debajo —masa muscular, actividad, sueño, alimentación— sigue contando, y eso se aborda en la guía sobre el aumento de peso en la menopausia y en el artículo sobre por qué no adelgazas en la perimenopausia comiendo igual.
Ni una cosa ni la otra. La evidencia disponible no muestra que la THS (o THM) provoque aumento de peso frente a placebo, y tampoco es un tratamiento adelgazante: no debe usarse con ese fin. Lo único que puede cambiar, de forma moderada, es el reparto de la grasa corporal, sin que eso implique un beneficio cardiovascular demostrado.
No existe una cifra atribuible a la terapia hormonal, porque los estudios no encuentran una diferencia de peso significativa frente a placebo. Los kilos que muchas mujeres ven en la báscula en estos años se explican por la edad, la pérdida de masa muscular y los cambios de estilo de vida, haya o no un tratamiento hormonal de por medio.
El estrógeno por sí mismo no hace ganar grasa corporal; es más bien su caída la que favorece que la grasa se desplace hacia el abdomen. Al inicio del tratamiento puede notarse hinchazón o tensión mamaria por retención de líquidos, que es volumen de agua y no tejido graso, y que suele ceder en unas semanas.
No todas, pero es una tendencia muy común. En el estudio SWAN el peso subía de forma sostenida a lo largo de la mediana edad, sin un salto atribuible a la menopausia; lo que sí se acelera durante la transición es la ganancia de grasa y la pérdida de masa muscular. Preferimos no dar una cifra media de kilos por año: las que circulan varían según el estudio y la población, y ninguna describe bien un caso concreto.
No hay evidencia de que un tipo específico de THM (parches, geles, píldoras) cause más o menos aumento de peso. Sin embargo, algunos tipos de progestágenos pueden causar más retención de líquidos que otros en mujeres sensibles. La elección del tratamiento debe ser siempre individualizada con un profesional.
La terapia hormonal no es un tratamiento para la pérdida de peso. Su principal objetivo es aliviar los síntomas de la menopausia, como los sofocos (síntomas vasomotores) o la sequedad vaginal. Sin embargo, al mejorar el sueño, el estado de ánimo y la energía, puede facilitar la adopción de hábitos de vida más saludables que sí contribuyan a la pérdida de peso.
Si se produce retención de líquidos, suele ser un efecto temporal que dura desde unas pocas semanas hasta un par de meses, mientras el cuerpo se ajusta a las hormonas. Si persiste, es aconsejable consultar con el médico para valorar un cambio de dosis o de preparado hormonal.
Dado que la THM no es la causa del aumento de peso, dejarla no garantiza la pérdida de kilos. De hecho, la interrupción de la terapia podría provocar el regreso de síntomas como el insomnio o la fatiga, lo que podría dificultar el mantenimiento de un estilo de vida activo y, en consecuencia, el control del peso.
No. Ni los estrógenos solos ni la combinación de estrógeno con progestágeno han mostrado en los ensayos un aumento de peso frente a placebo. Lo que puede aparecer al empezar es hinchazón por retención de líquidos, que es volumen de agua y no grasa, y que suele ceder en unas semanas.
No hay ensayos que hayan comparado las distintas vías midiendo la retención de líquidos, así que no puede afirmarse que una hinche menos que otra. Lo que sí diferencia a las vías es que la transdérmica (parche o gel) evita el primer paso por el hígado, y por eso NICE la asocia a un riesgo de trombosis que no supera el basal, a diferencia de la vía oral.
Este artículo se apoya en organismos y sociedades científicas de referencia. Consulta siempre a tu profesional sanitario.
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