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Testosterona en mujeres: unos 8-48 ng/dL (0,3-1,7 nmol/L) de 17 a 50 años y menos a partir de los 50. Tabla por edad, conversión de unidades y total vs libre.

La testosterona circula en el cuerpo de la mujer en cantidades muy pequeñas, mucho más bajas que en el hombre, y sus valores de referencia dependen sobre todo de la edad. Como cifra orientativa, los valores normales de testosterona total en mujeres que publica MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.) son de 8,4 a 48,1 ng/dL (0,3 a 1,7 nmol/L) entre los 17 y los 50 años y de 2,9 a 40,1 ng/dL (0,1 a 1,4 nmol/L) a partir de los 50 años.
Esta advertencia va aquí y no en la letra pequeña del final: son rangos orientativos y no sirven para autodiagnosticarse. Los valores de referencia cambian según el laboratorio y el método de análisis, así que el único rango válido para ti es el impreso junto a tu resultado. Y hay algo que casi ninguna de las tablas que circulan por internet cuenta: no existe una tabla de testosterona femenina por edad estandarizada internacionalmente, década a década. El motivo está unas líneas más abajo, y entenderlo cambia cómo se lee una analítica.
| Etapa de la vida | Testosterona total orientativa | Qué tener en cuenta |
|---|---|---|
| 17 a 50 años (edad fértil y perimenopausia) | 8,4 - 48,1 ng/dL (0,3 - 1,7 nmol/L) | Un único rango para más de tres décadas: la propia fuente no lo desglosa año a año. |
| Más de 50 años (posmenopausia habitual) | 2,9 - 40,1 ng/dL (0,1 - 1,4 nmol/L) | Baja sobre todo el extremo inferior: el rango se ensancha hacia abajo. |
| Tendencia a lo largo de la vida | Descenso gradual y progresivo con la edad | En un estudio clásico publicado en J Clin Endocrinol Metab (Zumoff, 1995), la concentración esperada a los 40 años era aproximadamente la mitad que a los 21. |
Si buscas un gráfico de niveles de testosterona por edad en mujeres, encontrarás decenas de tablas con franjas distintas para cada década y casi ninguna dice de dónde sale. El motivo de fondo es técnico. El consenso global sobre el uso de testosterona en mujeres, publicado en 2019 y respaldado entre otras por la International Menopause Society, la Endocrine Society y la Menopause Society (antes NAMS), afirma que los análisis directos de testosterona total y libre son muy poco fiables en el rango femenino, y que la medición precisa exige cromatografía con espectrometría de masas (LC-MS/MS), una técnica que no está disponible en todos los laboratorios. De ahí que los rangos publicados por unos y otros no coincidan entre sí: no es que uno esté mal, es que no miden con la misma regla.
Series publicadas por décadas sí existen. Un trabajo del Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (Haring, 2012) midió por espectrometría de masas a 985 mujeres de 20 a 80 años y describió un descenso claro de la testosterona total en cada franja de diez años, con un rango global de 0,35 a 1,97 nmol/L (unos 10 a 57 ng/dL) para todo el grupo. Pero son datos de una población y un laboratorio concretos, no un estándar internacional. Esa es la diferencia entre una cifra con fuente y una tabla copiada: la primera te dice de dónde viene y hasta dónde llega. Si lo que buscas son los rangos del resto de hormonas de esta etapa, están en la guía de hormonas en la menopausia: tabla de valores normales por edad.
La testosterona es una hormona fundamental en el cuerpo femenino, aunque a menudo se asocie exclusivamente con los hombres. Durante la transición a la menopausia, sus niveles cambian, generando dudas sobre su impacto en la salud. Entender cómo interpretar los valores de testosterona libre en la perimenopausia es clave para abordar síntomas como la falta de libido, la fatiga o los cambios en la composición corporal. Sin embargo, su medición e interpretación no son sencillas y requieren una visión integral que va más allá de un simple número en una analítica. A diferencia de las fluctuaciones drásticas del estradiol, el descenso de la testosterona es un proceso mucho más gradual que empieza décadas antes. Por ello, un diagnóstico se basa más en los síntomas clínicos que en un valor de laboratorio aislado, que puede ser difícil de estandarizar y comparar.
La testosterona es una hormona androgénica esencial para la salud femenina, responsable de regular la función sexual, la masa muscular, la densidad ósea y el estado de ánimo. Aunque se la conoce como la principal hormona masculina, los ovarios y las glándulas suprarrenales de la mujer la producen de forma natural a lo largo de toda su vida.
En el cuerpo, la testosterona circula de dos formas: unida a proteínas o libre. La mayor parte se une a la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG). La pequeña porción que no se une a estas proteínas es la testosterona libre, la forma biológicamente activa que puede entrar en las células y ejercer su efecto. Por eso, al evaluar la función androgénica, este valor es el más relevante.
Su papel es multifacético. Contribuye a mantener el deseo sexual (libido), proporciona energía y vitalidad, ayuda a preservar la masa muscular y la fuerza, y participa en la salud ósea. Unos niveles adecuados también influyen positivamente en la función cognitiva y el bienestar general.
A diferencia del estradiol, la testosterona no cae bruscamente en la perimenopausia; su descenso es un proceso gradual que comienza mucho antes, alrededor de los 30 años. En un estudio clásico publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (Zumoff, 1995), la concentración esperada a los 40 años era aproximadamente la mitad que a los 21.
Durante la perimenopausia, la producción ovárica de testosterona continúa, aunque la de estrógenos se vuelve errática y finalmente cesa. Esto significa que el descenso de la testosterona no está directamente ligado a la última regla. De hecho, tras la menopausia, los ovarios siguen produciendo andrógenos, que se convierten en estrógenos en otros tejidos del cuerpo.
La complejidad reside en que los síntomas de la perimenopausia, como la fatiga o el bajo estado de ánimo, pueden solaparse con los de una posible insuficiencia androgénica, haciendo difícil distinguir la causa real sin una evaluación médica completa.
Interpretar un valor de testosterona libre en una analítica es complejo porque no existe un consenso universal sobre cuál es el rango de normalidad para una mujer en perimenopausia. Los métodos de laboratorio para medir niveles bajos de testosterona femenina no están tan estandarizados como los masculinos, lo que puede dar lugar a variaciones significativas entre distintos análisis.
La Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) y otras organizaciones internacionales subrayan que el diagnóstico no debe basarse únicamente en un número. Un valor bajo de testosterona libre sin síntomas clínicos no suele ser motivo de intervención. A la inversa, una mujer puede tener síntomas compatibles con una insuficiencia androgénica aunque sus niveles estén dentro del rango de referencia del laboratorio.
Para tener una visión más clara de tus analíticas hormonales, herramientas como la app de seguimiento Avenaia pueden ayudarte a registrar y organizar tus resultados para discutirlos de manera informada con tu médico. Su función para interpretar análisis traduce los valores a un lenguaje comprensible, preparándote mejor para la consulta.
Buena parte de la confusión al comparar analíticas no es hormonal, es de unidades. Las tablas que más circulan vienen de Estados Unidos y hablan en ng/dL, mientras que muchos laboratorios españoles informan la testosterona total en nmol/L o en ng/mL. Es la misma hormona expresada de tres maneras, y un mismo resultado puede parecer altísimo o bajísimo según cómo se lea.
| Si tu informe viene en | Para pasarlo a | Multiplica por |
|---|---|---|
| ng/dL (testosterona total) | nmol/L | 0,0347 — ejemplo: 30 ng/dL = 1,04 nmol/L |
| nmol/L (testosterona total) | ng/dL | 28,8 — ejemplo: 1 nmol/L = 28,8 ng/dL |
| ng/mL (testosterona total) | ng/dL | 100 — ejemplo: 0,35 ng/mL = 35 ng/dL |
| pg/mL (testosterona libre) | pmol/L | 3,47 — ejemplo: 2 pg/mL = 6,9 pmol/L |
Un ejemplo de por qué esto importa: si tu laboratorio informa 0,9 nmol/L, eso equivale a unos 26 ng/dL, es decir, a la zona media de la franja de 17 a 50 años. El número no ha cambiado, solo la unidad. Antes de asustarte con una cifra, comprueba en qué unidad viene y compárala con el rango que el propio laboratorio imprime al lado, no con una tabla encontrada en internet.
Casi toda la testosterona que circula por la sangre va pegada a proteínas: sobre todo a la SHBG (globulina transportadora de hormonas sexuales) y, de forma más débil, a la albúmina. Solo una fracción minúscula viaja suelta, y esa es la testosterona libre, la que puede entrar en las células. Por eso en una analítica pueden aparecer tres cifras distintas que no siempre cuentan lo mismo.
Aquí está la explicación de una escena muy repetida en consulta: dos analíticas con una testosterona total casi idéntica y dos lecturas opuestas. La SHBG se mueve por causas ajenas a la testosterona. Los estrógenos por vía oral la elevan —la guía de la Society for Endocrinology señala que las usuarias de anticonceptivo oral combinado tienen la SHBG aumentada—, y al subir deja menos testosterona libre disponible. En sentido contrario, la obesidad y la resistencia a la insulina se asocian de forma consistente a una SHBG baja. Con la SHBG movida, la testosterona total puede seguir «normal» mientras la libre no lo está, o al revés.
Para leer las dos cifras juntas se usa el índice de andrógenos libres (IAL, o FAI por sus siglas en inglés): la testosterona total en nmol/L dividida entre la SHBG en nmol/L y multiplicada por 100. No es una hormona nueva, es una forma de relacionar las anteriores. Tiene una limitación que conviene conocer: la guía de la Society for Endocrinology sobre evaluación del exceso de andrógenos en mujeres (2025) advierte de que con una SHBG por debajo de 30 nmol/L el índice pierde precisión y puede sobreestimar los andrógenos libres, justo en el perfil de mujeres con obesidad o resistencia a la insulina. Cada laboratorio fija además su propio umbral, así que el número aislado no significa nada fuera de su rango de referencia.
Sobre la testosterona libre medida directamente, el consenso global de 2019 es tajante: los métodos directos no son fiables en el rango femenino. El patrón de referencia es la diálisis de equilibrio, y la alternativa habitual es calcularla a partir de la total y la SHBG. Para hacerse una idea del orden de magnitud, el trabajo de Haring (2012) publicó un rango de testosterona libre calculada de 0,0025 a 0,0253 nmol/L —es decir, de 2,5 a 25,3 pmol/L— en mujeres de 20 a 80 años: cifras diminutas, en las que un pequeño error de método se traduce en un porcentaje enorme. Si tu informe da una testosterona libre sin especificar con qué método se ha obtenido, ese número no es comparable con el de otro laboratorio ni con ninguna tabla de internet.
Un detalle práctico que cambia el resultado: esa misma guía recomienda extraer la muestra por la mañana, entre las 8:00 y las 10:00, en ayunas y, cuando sea posible, en la fase folicular temprana del ciclo (los primeros días tras la regla). En perimenopausia, con ciclos irregulares o ausentes, no siempre se puede cumplir, y es una razón más para no dar por definitivo un único análisis.
La medición de los niveles de testosterona no es una prueba de rutina durante la perimenopausia. Las guías clínicas, como las de la North American Menopause Society (NAMS), recomiendan considerarla principalmente cuando una mujer presenta síntomas específicos y persistentes de bajo deseo sexual que le causan malestar, una vez descartadas otras causas médicas o psicológicas.
El síntoma principal que puede llevar a un profesional a solicitar esta medición es el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH). Este se define como una ausencia o disminución persistente de fantasías y deseo de actividad sexual que provoca angustia personal. Es crucial diferenciarlo de una simple disminución de la libido debida al estrés, problemas de pareja, fatiga u otros síntomas de la menopausia.
Otras posibles indicaciones, aunque menos establecidas, podrían ser la pérdida inexplicable de masa muscular o densidad ósea. Sin embargo, la decisión de realizar la prueba y, sobre todo, de iniciar un tratamiento, debe ser tomada por un profesional sanitario tras una evaluación exhaustiva de los síntomas, el historial médico y los posibles riesgos y beneficios.
Hasta aquí hemos hablado de valores bajos, pero muchas mujeres llegan a medirse la testosterona por lo contrario: signos de exceso de andrógenos. Los más habituales son el hirsutismo (vello grueso y oscuro en zonas de patrón masculino, como mentón, labio superior, línea media del abdomen o pecho), el acné persistente en la edad adulta, la piel y el pelo grasos, y la alopecia androgénica, que en la mujer se manifiesta sobre todo como pérdida de densidad en la coronilla y ensanchamiento de la raya del pelo.
La causa más frecuente, con diferencia, es el síndrome de ovario poliquístico (SOP). Según la Organización Mundial de la Salud, afecta a entre el 10% y el 13% de las mujeres en edad reproductiva, y hasta un 70% de quienes lo tienen están sin diagnosticar. La guía de la Society for Endocrinology lo señala igualmente como la causa más común de exceso de andrógenos en mujeres. Otras posibilidades son la hiperplasia suprarrenal congénita no clásica, algunos fármacos y, con mucha menos frecuencia, tumores de ovario o de glándula suprarrenal productores de andrógenos.
Hay un matiz propio de esta etapa: un acné intenso que aparece por primera vez después de la menopausia no es lo esperable. Esa misma guía recomienda valorar los niveles de andrógenos sin demora cuando ocurre.
Señales que obligan a consultar sin esperar. Son poco frecuentes, pero son las que no conviene dejar pasar. La virilización de aparición rápida apunta a una causa distinta del SOP y las guías la consideran motivo de estudio prioritario:
La combinación de aparición tardía y evolución rápida es la que hace sospechar un tumor productor de andrógenos: es poco común, pero se estudia sin demora. Cuando la testosterona está muy elevada —la guía de la Society for Endocrinology sitúa el punto de alerta por encima de 5 nmol/L, unos 144 ng/dL—, el resultado se confirma por espectrometría de masas y se completa con pruebas de imagen de ovario y suprarrenal. Nada de esto se decide con una tabla: se decide en consulta, con el cuadro clínico delante.
No necesariamente. Muchas mujeres tienen niveles de testosterona en el rango bajo de la normalidad sin experimentar ningún síntoma. El diagnóstico de insuficiencia androgénica se basa en la combinación de síntomas clínicos relevantes (principalmente bajo deseo sexual) y la confirmación bioquímica, no solo en el resultado del laboratorio.
La terapia con testosterona para mujeres, especialmente para tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo en la posmenopausia, está respaldada por guías como las de la International Menopause Society. Sin embargo, debe ser prescrita y monitorizada por un médico, utilizando dosis adecuadas para mujeres para evitar efectos secundarios. No se recomienda su uso para otros fines como mejorar la energía o la cognición por falta de evidencia a largo plazo.
Con dos matices importantes para una lectora en España. El primero: no hay ningún preparado de testosterona con indicación aprobada para mujeres. En la Unión Europea llegó a existir un parche (Intrinsa, y su gemelo Livensa, autorizados en 2006 para el trastorno del deseo sexual hipoactivo tras una menopausia quirúrgica), pero la autorización se retiró en 2012 a petición del propio laboratorio y por motivos comerciales. Lo que se prescribe hoy es uso fuera de ficha técnica, y el propio consenso global de 2019 reconoce que sigue existiendo una necesidad no cubierta de preparados específicos para mujeres. El segundo: la única indicación con respaldo de evidencia es el trastorno del deseo sexual hipoactivo en mujeres posmenopáusicas, y tras una evaluación biopsicosocial formal. Ese mismo consenso no encontró efecto de la testosterona sobre la densidad mineral ósea, la masa magra, la fuerza muscular ni el bienestar general, así que conviene desconfiar de quien la ofrezca para la energía, el rendimiento físico o el peso. Ningún valor de una analítica justifica por sí solo empezar un tratamiento.
Ciertos hábitos de vida pueden favorecer un equilibrio hormonal saludable. El entrenamiento de fuerza, un sueño adecuado, la gestión del estrés y una dieta equilibrada rica en nutrientes como el zinc y la vitamina D son importantes. Sin embargo, estas medidas no sustituyen un tratamiento médico si fuera necesario para una condición clínica específica.
Muchos profesionales sanitarios son cautos a la hora de solicitar análisis de testosterona en la perimenopausia porque los resultados son difíciles de interpretar y no siempre se correlacionan con los síntomas. El diagnóstico de la perimenopausia es clínico (basado en edad y patrón menstrual), y los síntomas a menudo se atribuyen a la fluctuación de estrógenos. La medición se reserva para casos específicos, como la sospecha de TDSH.
La testosterona total mide toda la testosterona en la sangre, incluyendo la que está unida a proteínas (principalmente SHBG) y la que no. La testosterona libre es la porción no unida, que es la que está biológicamente activa y puede ser utilizada por las células del cuerpo. Por eso, la testosterona libre es un indicador más preciso de la disponibilidad de andrógenos.
Este artículo se apoya en organismos y sociedades científicas de referencia. Consulta siempre a tu profesional sanitario.
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