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Descubre la diferencia entre estrógeno solo y terapia combinada en la menopausia. La razón principal es si conservas el útero. Te explicamos por qué.

La Terapia Hormonal de la Menopausia (THM) es el tratamiento más eficaz para aliviar los síntomas vasomotores, como los sofocos o bochornos, pero no todas las terapias son iguales. La gran duda para muchas mujeres es si necesitan estrógeno solo o una terapia combinada con un progestágeno. La respuesta es sorprendentemente clara y directa: todo depende de si conservas o no tu útero, también conocido como matriz.
Entender esta diferencia es crucial para tener una conversación informada con tu profesional sanitario y tomar una decisión segura. El tipo de THM que se prescribe no es una preferencia, sino una necesidad médica basada en la protección de tu salud a largo plazo. Mientras que el estrógeno es el componente que alivia la mayoría de los síntomas, el progestágeno juega un papel protector fundamental que no puede ignorarse en mujeres con útero.
La razón fundamental para elegir entre estrógeno solo o terapia combinada es la protección del endometrio, que es el tejido que recubre el interior del útero. El estrógeno, por sí solo, estimula el crecimiento de este tejido, y si este crecimiento no se controla, puede derivar en problemas serios.
Piensa en el ciclo menstrual: durante la primera mitad, los estrógenos hacen que el endometrio se engrose para prepararse para un posible embarazo. En la segunda mitad, la progesterona detiene ese crecimiento y madura el tejido. Si no hay embarazo, los niveles hormonales caen y el endometrio se desprende en forma de menstruación.
En la menopausia, al administrar estrógeno para aliviar los síntomas, estamos replicando esa fase de crecimiento. Si una mujer tiene útero y solo toma estrógeno, el endometrio crecería de forma continua y descontrolada. Esto puede provocar una condición llamada hiperplasia endometrial, que es un factor de riesgo conocido para el cáncer de endometrio. Se estima que el riesgo de cáncer endometrial es hasta 10 veces mayor en usuarias de estrógeno sin oposición en comparación con las no usuarias.
Aquí es donde entra en juego el progestágeno (una forma sintética de progesterona o la propia progesterona micronizada). Su función es contrarrestar el efecto del estrógeno sobre el útero, evitando el engrosamiento excesivo del endometrio y reduciendo el riesgo de cáncer a niveles similares a los de las mujeres que no usan THM.
La terapia con estrógeno solo, a veces llamada terapia estrogénica sin oposición, está indicada exclusivamente para mujeres que han tenido una histerectomía, es decir, a las que se les ha extirpado el útero. Sin útero, no hay endometrio que proteger, por lo que no existe el riesgo de cáncer endometrial asociado al estrógeno.
En este grupo de mujeres, añadir un progestágeno no solo es innecesario, sino que podría introducir potenciales efectos secundarios o riesgos sin aportar ningún beneficio protector a nivel uterino. Por lo tanto, la opción más segura y sencilla es administrar únicamente el estrógeno necesario para controlar los síntomas.
Los beneficios del estrógeno solo en mujeres histerectomizadas son claros: es altamente eficaz para tratar los sofocos, la sudoración nocturna, mejorar la calidad del sueño y combatir el síndrome genitourinario de la menopausia, que incluye la sequedad vaginal y el dolor en las relaciones sexuales. Se puede administrar por diversas vías, como parches transdérmicos, geles, aerosoles o comprimidos orales, según la preferencia y el perfil de cada mujer.
La terapia hormonal combinada es el estándar de tratamiento para las mujeres que tienen útero. Esta pauta incluye estrógeno para aliviar los síntomas y un progestágeno para la protección endometrial obligatoria. Existen principalmente dos formas de administrarla.
La terapia combinada secuencial (o cíclica) consiste en tomar estrógeno todos los días y añadir el progestágeno durante 12-14 días al mes. Este régimen imita el ciclo menstrual natural y suele provocar un sangrado por deprivación, similar a una regla, cada mes. Generalmente se recomienda en la perimenopausia, cuando la mujer todavía tiene ciclos menstruales, aunque sean irregulares.
Por otro lado, la terapia combinada continua implica tomar tanto estrógeno como progestágeno a diario, sin interrupciones. El objetivo de esta pauta es conseguir la amenorrea (ausencia de sangrado). Es común que durante los primeros 3 a 6 meses de tratamiento se produzca un manchado o sangrado irregular hasta que el endometrio se estabiliza. Esta modalidad se suele prescribir a mujeres que ya están en postmenopausia (más de un año sin regla).
La decisión de iniciar una terapia hormonal es personal y debe tomarse junto a un profesional sanitario informado. Preparar la consulta con antelación te ayudará a resolver todas tus dudas y tomar la mejor decisión para ti, basada en tus síntomas, tu historial médico y tus preferencias.
Es útil llevar un registro de tus síntomas, su frecuencia e intensidad. Entender la biología de esta etapa y saber qué preguntas clave hacer es fundamental. Para muchas mujeres, la desinformación y la sensación de estar perdidas es el principal obstáculo. Recursos como el libro No Te Estás Volviendo Loca: Manual de supervivencia para la perimenopausia están diseñados para aclarar la biología hormonal y ofrecer una guía práctica para preparar estas conversaciones cruciales con tu ginecólogo.
Considera preguntar sobre los siguientes puntos: ¿Qué tipo de THM es la más adecuada para mí? ¿Qué vía de administración (oral, transdérmica) es preferible en mi caso? ¿Cuáles son los riesgos y beneficios específicos según mi historial de salud? ¿Qué seguimiento necesitaremos hacer una vez iniciado el tratamiento?
Siempre debes consultar con un profesional antes de iniciar, modificar o suspender una THM. Además, ciertos síntomas requieren atención prioritaria o incluso una visita a urgencias, especialmente al usar terapia hormonal.
Pide cita con tu profesional si experimentas:
Acude a URGENCIAS sin demora si presentas:
Una histerectomía supracervical extirpa el cuerpo del útero pero deja el cuello uterino (cérvix). Aunque es poco frecuente, puede quedar tejido endometrial residual. La decisión de añadir o no un progestágeno debe ser evaluada por tu ginecólogo, quien valorará el tipo de cirugía y el riesgo individual.
El estrógeno es la hormona principal y más eficaz para el tratamiento de los síntomas vasomotores como los sofocos. Aunque algunos progestágenos pueden ofrecer un alivio modesto de los sofocos, no son el tratamiento de primera línea para este fin y su eficacia es considerablemente menor que la del estrógeno. Su papel principal en la THM combinada es la protección del útero.
Sí. Un dispositivo intrauterino (DIU) liberador de levonorgestrel (un tipo de progestágeno) proporciona una excelente protección endometrial local. Las mujeres con útero que llevan este tipo de DIU pueden usar terapia con estrógeno solo (en parche, gel o comprimido), ya que la protección uterina está cubierta por el dispositivo. Es una opción muy utilizada.
No. La terapia con estrógeno vaginal a bajas dosis se usa para tratar el síndrome genitourinario de la menopausia (sequedad, dolor, infecciones urinarias recurrentes). Su absorción al resto del cuerpo es mínima. Las principales guías clínicas, como las de la North American Menopause Society (NAMS) o la AEEM, indican que no se requiere el uso de un progestágeno para proteger el endometrio con este tipo de tratamiento local.
Los perfiles de riesgo son diferentes. El gran estudio Women's Health Initiative (WHI) observó que la terapia combinada se asociaba con un pequeño aumento del riesgo de cáncer de mama tras varios años de uso, un riesgo que no se vio en el grupo de estrógeno solo. Por otro lado, la terapia con estrógeno solo en mujeres con útero aumenta drásticamente el riesgo de cáncer de endometrio. La evaluación de riesgos y beneficios es compleja y debe ser siempre individualizada.
Este artículo se apoya en organismos y sociedades científicas de referencia. Consulta siempre a tu profesional sanitario.
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