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Si experimentas calores repentinos pero no estás en la menopausia, no estás sola. Conoce las causas posibles, desde tiroides a fármacos, y cuándo ver a un

Sentir una ola de calor súbita que te recorre el cuerpo puede ser desconcertante, especialmente si no te encuentras en la etapa de la perimenopausia. Estos calores repentinos, conocidos también como sofocos o bochornos en distintas regiones de habla hispana, se asocian comúnmente con la transición menopáusica. Sin embargo, no son exclusivos de ella. Múltiples factores, desde desequilibrios hormonales no relacionados con la menopausia hasta ciertos medicamentos o incluso el estrés, pueden provocar estos episodios de calor intenso y sudoración. Entender las causas posibles es el primer paso para abordar el problema de raíz y buscar la orientación adecuada. Este artículo explora las razones detrás de los calores repentinos cuando la menopausia no es la respuesta, ayudándote a comprender mejor las señales de tu cuerpo y a saber cuándo es el momento de consultar a un profesional sanitario.
Un calor repentino o sofoco es una sensación súbita e intensa de calor en la parte superior del cuerpo, principalmente en la cara, el cuello y el pecho. Este episodio, conocido técnicamente como síntoma vasomotor, puede ir acompañado de enrojecimiento de la piel, sudoración profusa y, a veces, palpitaciones, seguido de una sensación de frío.
Estos eventos ocurren por una disfunción en el hipotálamo, el centro termorregulador del cerebro. Cuando el hipotálamo percibe erróneamente que el cuerpo está demasiado caliente, inicia una serie de mecanismos para enfriarlo rápidamente. Dilata los vasos sanguíneos cercanos a la piel para liberar calor (causando el enrojecimiento) y activa las glándulas sudoríparas. Aunque este mecanismo es el mismo que en la menopausia, donde la causa es la fluctuación de estrógenos, otras condiciones pueden interferir con el hipotálamo y provocar la misma reacción.
Los desequilibrios hormonales son una de las principales causas de los calores repentinos fuera del climaterio. La glándula tiroides juega un papel fundamental en la regulación del metabolismo y la temperatura corporal, por lo que una alteración en su funcionamiento es una de las primeras sospechas a investigar.
El hipertiroidismo, una condición en la que la tiroides produce un exceso de hormona tiroidea (tiroxina), acelera el metabolismo del cuerpo. Esto puede causar intolerancia al calor, sudoración excesiva y sofocos. Según la Asociación Americana de la Tiroides, los síntomas del hipertiroidismo a menudo se solapan con los de la perimenopausia, lo que puede llevar a confusión. Un simple análisis de sangre que mida la hormona estimulante de la tiroides (TSH) puede ayudar a descartar o confirmar este diagnóstico. Otras condiciones endocrinas, aunque menos comunes, como los tumores en la glándula pituitaria o las glándulas suprarrenales, también pueden causar síntomas vasomotores.
Algunos medicamentos de uso común pueden tener los sofocos como efecto secundario. Es importante revisar la medicación que se está tomando con un médico o farmacéutico si se experimentan calores repentinos de nueva aparición. No se debe suspender ningún tratamiento sin supervisión profesional.
Entre los fármacos implicados se encuentran ciertos antidepresivos (especialmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o ISRS), medicamentos para la osteoporosis como el raloxifeno, algunos tratamientos hormonales para el cáncer como el tamoxifeno, y los analgésicos opioides. Incluso dosis altas de suplementos como la niacina (vitamina B3) pueden provocar un enrojecimiento cutáneo y una sensación de calor intenso. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) exige que estos efectos secundarios se listen en los prospectos de los medicamentos.
Tu día a día también puede influir en la aparición de calores repentinos. El estrés y la ansiedad son potentes desencadenantes, ya que activan la respuesta de "lucha o huida" del cuerpo, liberando hormonas como la adrenalina que aumentan la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal, simulando un sofoco.
El consumo de ciertos alimentos y bebidas es otro factor conocido. El alcohol, la cafeína y las comidas muy picantes pueden dilatar los vasos sanguíneos y activar los nervios que desencadenan la sudoración. Un ambiente cálido o el uso de ropa muy ajustada o de tejidos sintéticos también pueden contribuir a la sensación de calor. Según la North American Menopause Society (NAMS), identificar y evitar estos disparadores personales puede ser una estrategia eficaz para reducir la frecuencia de los episodios.
Es fundamental consultar a un profesional sanitario si los calores repentinos son frecuentes, interfieren con tu calidad de vida o se acompañan de otros síntomas preocupantes. No asumas que es algo sin importancia o que simplemente "tienes que aguantarlo". Un diagnóstico correcto es clave para descartar condiciones médicas que requieran tratamiento.
Presta atención a señales de alarma como pérdida de peso inexplicable, fiebre, diarrea, palpitaciones constantes o cambios en tu ciclo menstrual si tienes menos de 45 años. Estos síntomas, junto con los sofocos, justifican una visita a tu médico de atención primaria, ginecólogo o endocrinólogo. Para preparar esa consulta, herramientas como la app Avenaia te permiten llevar un registro detallado de tus síntomas, lo que facilita al médico entender el patrón y contexto de tus calores. Llegar a la consulta con datos organizados ayuda a aprovechar al máximo el tiempo y a orientar el diagnóstico.
Sí. Un ataque de pánico o un nivel elevado de ansiedad pueden desencadenar una respuesta fisiológica muy similar a un sofoco. El sistema nervioso simpático se activa, aumentando el ritmo cardíaco y el flujo sanguíneo a la piel, lo que provoca una intensa sensación de calor y sudoración.
Sí, aunque es menos común. En los hombres, los sofocos suelen estar relacionados con una disminución drástica de la testosterona, principalmente como efecto secundario de tratamientos para el cáncer de próstata (terapia de deprivación de andrógenos). Otras causas, como las infecciones o los problemas de tiroides, también pueden provocarlos.
Los calores nocturnos, también llamados sudores nocturnos, son una variante de los sofocos. Si bien son muy comunes en la perimenopausia, si ocurren de forma aislada pueden ser un síntoma de otras condiciones, como infecciones, ciertos tipos de cáncer (aunque es raro) o hipoglucemia nocturna. Es importante consultarlo con un médico.
Definitivamente. El hipertiroidismo (tiroides hiperactiva) comparte muchos síntomas con la perimenopausia, como sofocos, insomnio, irritabilidad, palpitaciones y cambios en el ciclo menstrual. Por ello, la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) recomienda realizar un análisis de la función tiroidea (TSH) en mujeres con síntomas para descartar esta posibilidad.
Para investigar calores repentinos no relacionados claramente con la menopausia, un médico suele solicitar un hemograma completo para descartar infecciones, un perfil tiroideo (TSH, T4 libre) para evaluar la función de la tiroides, y a veces los niveles de glucosa en sangre. En casos específicos, se pueden medir otras hormonas o marcadores según la sospecha clínica.
Este artículo se apoya en organismos y sociedades científicas de referencia. Consulta siempre a tu profesional sanitario.
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